Una gesta popular

Una gesta popular

Por  Juan Carlos Giuliani. A quince años de la Consulta Popular convocada por el Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO), es justo y necesario reivindicar esa gesta que significa uno de los puntos más altos de acumulación de poder popular en la agonía de la resistencia y cuando asomaba un nuevo tiempo de esperanza colectiva.

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Horas después que más de tres millones de argentinos se expresaran en las urnas, sobrevinieron las históricas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, cuando el pueblo hundió el canto del cisne del régimen neoliberal encarnado por el gobierno de De la Rúa y Cavallo.

La propuesta plebiscitada por el FRENAPO de establecer un Seguro de Empleo y Formación de 380 pesos, una Asignación Universal de 60 pesos por cada menor a cargo, para todos los jefes de hogar desocupados y de 150 pesos para cada persona mayor de 65 años sin jubilación constituye, con seguridad, un hito en el bagaje doctrinario de la clase trabajadora argentina.

Junto a los programas de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962), al documento del 1º de Mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos, a los 26 puntos de la CGT de Ubaldini, la Constituyente Social y el Programa de 32 Puntos de la Multisectorial, la consulta popular realizada entre el 14 y el 17 de diciembre de 2001 configura la iniciativa más ambiciosa del campo popular en los últimos años. Propuesta que, entre otras cuestiones, tuvo la virtud de poner negro sobre blanco un dilema de hierro: ajuste o democracia.

Resulta, además, un antecedente concreto para comprender la necesidad de articular una nueva expresión movimientista de signo nacional, popular, democrático y revolucionario, en tanto y en cuanto afirma la idea de que la única manera de remover y oponer fuerza social al régimen de saqueo y dominación es impulsar iniciativas democratizadoras y populares desde un nuevo Movimiento Político, Social y Cultural protagonizado por los trabajadores.

Con el FRENAPO volvía a resonar aquello de que “sólo el Pueblo salvará al Pueblo”.

Fortalezas y debilidades

Fuimos capaces de convocar a la Consulta Popular frente a la inacción del poder político. De acertar en una propuesta con la que se identificó la mayorí­a de la población. De consignar de dónde saldrían los recursos para sostener el shock redistributivo. De construir un entramado organizativo que extendió territorialmente la iniciativa hasta llevarla al último rincón de la geografía nacional. De promover una masiva movilización federal y multisectorial. Esa fortaleza alcanzó para plantar una alternativa al discurso hegemónico, pero fue impotente para conducir y encausar la bronca popular.

Resolver la ecuación que expresa la debilidad de las fuerzas populares frente a un enemigo minoritario pero sumamente poderoso, importa un argumento de fuste para reactivar, profundizar y desarrollar el andamiaje del nuevo Movimiento de Emancipación.

Fue tan fuerte el impacto de la consulta del FRENAPO en el imaginario colectivo, que cuando el bloque de poder dominante ungía a Duhalde como Presidente en su intento por reconducir la crisis de gobernabilidad del sistema, éste no dudó en echar mano de esa herramienta, desfigurarla y convertirla en los planes jefas y jefes de hogar de 150 pesos que se extendieron en el tiempo.

De ese modo desactivó la protesta social, estableció el nuevo salario mí­nimo en la Argentina posdevaluación y rearmó una monumental red de clientelismo polí­tico, lo cual ha determinado la carencia de políticas sociales universales y la continuidad de las polí­ticas focalizadas que sustentan este perverso asistencialismo social. Aunque suene paradójico, la lucha de los movimientos sociales y organizaciones territoriales en la calle, se tradujo en enunciados propositivos que permitieron arrancar al gobierno neoliberal de Macri la Ley de Emergencia Social en el Congreso de la Nación. Es decir que se obtuvo una conquista que no se había conseguido desde el 2001 hasta estos días. Un logro que, aunque no deja de ser un paliativo, implica la posibilidad de discutir las urgencias del hambre y la pobreza con el respaldo de una normativa que, como en todos los casos, habrá que hacer cumplir con la movilización y organización popular.

A quince años del FRENAPO, evocar esa experiencia de masas implica un valioso aporte al proceso de construcción de un poder social en capacidad de discutir la distribución de la riqueza y la asignación de los recursos en nuestra Patria.

Para terminar con la desigualdad social y que ningún hogar argentino esté debajo de la línea de pobreza, es imperioso retomar la iniciativa política para avanzar, desde la clase trabajadora y los sectores populares, en la organización de la fuerza propia y consciente capaz de disputar el poder real a los grupos dominantes.

Vale la pena recordarlo: La Consulta se realizó en mesas ubicadas en la ví­a pública, en lugares de trabajo, en locales sindicales y en distintas instituciones. Pese a la falta de infraestructura, de publicidad, de recursos económicos y la escasa difusión que tuvo en los medios de comunicación, la propuesta optativa del FRENAPO consiguió más votos que el Gobierno de la Alianza en las elecciones obligatorias del 14 de octubre de 2001.

Al cabo de más de treinta años de una democracia plagada de claroscuros, queda una certeza: El futuro está en nuestras manos.

La madurez de los actores sociales para protagonizar la nueva etapa política, la percepción de que el pueblo demanda mucho más de lo que le ofrecen sus dirigentes y el convencimiento que desde arriba sólo se puede hacer un hueco, corporizan el compromiso de asumir, sin beneficio de inventario, la historia de vida institucional del FRENAPO.

Aceptar ese desafío supone alimentar en lo cotidiano una estrategia integral de poder popular que configura el protagonismo de los trabajadores desde una central de masas y la articulación de espacios de unidad multisectoriales, hasta la utilización de instrumentos electorales para estar en capacidad de no delegar más y dar batalla al poder hegemónico en todos los campos.

Implica, también, seguir militando por la transformación de esta realidad social que duele para ejercer un mandato intransferible: Ser los artífices de nuestro propio destino.