Sembrar el futuro

Sembrar el futuro

carpani-concienciaPor  Juan Carlos Giuliani. Aunque la “intelligentzia” cipaya intente una y otra vez explicarnos otra cosa, lo cierto es, que nadie se llama a engaño: La riqueza de las naciones la generamos los trabajadores.

usto es, entonces, que reclamemos la equitativa distribución de lo que creamos cotidianamente: En fábricas, aulas y oficinas, en la ciudad y el campo, en la actividad privada y estatal. En condición de trabajadores formales, en negro, autogestionarios y cuentapropistas.

No nos resignamos a convivir con la desocupación, ese tributo de humillación social que exige la voracidad del capitalismo, potenciado por el Gobierno de Macri de neto corte neoliberal.

La clase trabajadora es el motor de la historia. Mal que les pese. La aceitada superestructura cultural del poder ya no tiene consenso social para convencer sobre las bondades del régimen de saqueo y dominación.

Ni el más desprevenido de nuestros compatriotas se traga la píldora de la desaparición de las ideologías. Y mucho menos del trabajo. ¿De qué vivirían los pueblos y los países si no fuera del trabajo humano? Esa ecuación, tan sencilla como natural, no ha podido ser rebatida por los que mandan. Es de una lógica irrefutable.

No es una utopía que en la Argentina el pueblo se alimente, se eduque, viva sanamente de su trabajo y bajo un techo digno. Si la Renta Nacional no se distribuye, o se lo hace en cuentagotas, lo que hay es esta asombrosa desigualdad social que genera la concentración y extranjerización de la riqueza y, consecuentemente, el hambre y la pobreza danzando por doquier.

Resulta legítimo plantearse la reescritura de un pensamiento estratégico que trascienda cualquier cronograma electoral y tome como objetivo irrenunciable la construcción multisectorial de la Justicia Social.

Durante más de tres décadas hemos comprobado en carne propia que con la llamada democracia representativa no se come, no se educa, ni se sana. Es urgente y necesario avanzar hacia una democracia participativa, de carnadura social y protagonismo popular.

Los trabajadores tienen una experiencia vital de lo que fue la participación en la distribución del ingreso, en la organización para la lucha sindical y su relación con el gobierno del Estado. Saben que los mayores grados de legalidad y derechos adquiridos para el conjunto del pueblo fueron el resultado de procesos en los que protagonizaron claras instancias de democracia participativa.

En esta singular etapa de reagrupamiento de las fuerzas populares para enfrentar el ajuste y la entrega, el nuevo pensamiento crítico -junto a la acción que conlleva el conflicto social- implica una posibilidad concreta de promover insumos y herramientas organizativas para construir poder popular. Nos referimos a un proceso multisectorial y unificado, que articule lo diverso para apuntalar una nueva experiencia política transformadora que esté en capacidad de sentar las bases de un nuevo Estado que resuelva la desigualdad y la pobreza.

Siempre con la idea de conjugar la unidad en la diversidad, de reconstruir el Estado a partir de privilegiar lo público sobre lo privado, de recuperar el dominio y uso de nuestros recursos naturales, desmontar el andamiaje legal del coloniaje, deshacer las nuevas y sofisticadas formas de usura y esclavitud, enfrentar la concentración económica y la exclusión, defender el medio ambiente e impulsar un proyecto soberano de reindustrialización.

La consecuente lealtad hacia el legado de nuestros mártires, y el compromiso de sembrar el futuro, se cruzan en la esquina exacta donde reside nuestro mandato histórico en clave de emancipación.